Instalaciones de Juego en Infantil

¿Te imaginas que toda la escuela fuera constantemente un gran atelier?

Yo sí, me lo puedo imaginar. De hecho llevo tiempo imaginándolo, y cuando digo tiempo, no me refiero a meses, sino más bien, un par de años.

He fantaseado muchas veces con las reformas que haría en la escuela. A veces los sueños llegan a hacerse realidad pero hay que esperar un poquito más de lo que nos gustaría. 

Dicen que si puedes soñarlo puedes hacerlo y yo, en este caso creo que ese dicho es cierto.

Más allá del atelier

Reggio Emilia es una filosofía, un enfoque, una pedagogía cuyo origen se sitúa en un municipio de Italia llamado así y cuyo principal precursor fue Loris Malaguzzi con “Los 100 lenguajes del niño”. También se la conoce como la Pedagogía del Asombro.  

Esta filosofía al igual que sucede con otras está empezando a coger mayor visibilidad en los últimos años, aunque en nuestro cole hace tiempo que venimos estudiándola y siguiéndola como fuente de inspiración. 

Podríamos definirla como una manera diferente de hacer educación caracterizada por su modo de mirar al niño y a la niña. Esto es lo que también ha hecho coger fuerza a otras filosofías pedagógicas como Montessori, Pikler, Walldorf, Aucouturier… Todas ellas coinciden en un cambio de visión, en cómo se percibe al niño y la niña, en cómo se respetan sus procesos y sus derechos y en cómo se les hace principal protagonista de sus aprendizajes.  

Según esta filosofía el imaginario infantil es infinito. Y estoy completamente deacuerdo. Sólo hace falta observar a un grupo de niños y niñas “haciendo” en completa libertad con algunos elementos. Ahí te das cuenta de que la única limitación es la que los adultos les ponemos, o les imponemos. 

Yo confío. Confío en un niño creador, experimentador, descubridor y lleno de posibilidades. Confío en un niño valioso, activo, curioso, deseoso de interaccionar con el entorno, con los otros (adultos e iguales) ávido de conocimiento, de aprendizajes. Confío en un niño cuyo potencial es infinito. 

 

Las instalaciones inspiradas en Reggio Emilia

Una instalación es una propuesta que invita a observar, pensar, manipular, transformar, experimentar y dar nuevos significados a las cosas.

El niño entra en diálogo con una propuesta estética y artística a la par que pedagógica a través del juego libre. El niño o la niña como sujeto que interpreta lo que lo rodea entra en una interacción con lo material (distintos objetos dispuestos en un orden específico) investigando, explorando e interpretando 

El niño construye su conocimiento a través de la exploración y la experiencia, y siempre en relación con el otro (el adulto y sus iguales).

Aparecen la elaboración de los procesos simbólicos. El niño interpreta en una interacción libre todo lo que le rodea y le otorga significado a la relación que establece con los objetos, a través de los objetos y con sus compañeros o adulto acompañante.

Es frecuente ver en estas interacciones juegos de vaciar y llenar, aparecer y desaparecer, construir y destruir;  y el juego “del como sí” o “si esto fuera”. Ellos reinterpretan esa realidad que les presentamos y van más allá de lo conocido, de lo normal, de lo convencional, como si de grandes creadores artistas se tratase.  

A veces me pregunto ¿en qué momento de nuestra vida desaparece ese don natural? Creo que justo en el momento en que privamos a los niños de su juego espontáneo y natural estamos coartando toda su genialidad, toda su creatividad, todo su imaginario… Y como esta privación comienza a darse cada vez con más frecuencia conforme se van haciendo mayores, llegamos a la edad adulta con escaso sentido creativo, imaginativo… Y ¿qué sentido tiene que hagamos desaparecer algo que está tan valorado hoy día cuando llegamos al mercado laboral? 

Es por eso que es especialmente relevante el papel del educador, ya que este pasa a ser un acompañante, un facilitador, un observador que respetará la acción de los niños y limitará su intervención en el “juego” de los niños únicamente para garantizar su seguridad e integridad. 

 

El adulto hace una propuesta intencional y es el niño y la niña quien dispondrá libremente de los materiales y objetos presentados, entregándose al juego y a sus infinitas posibilidades. 

El adulto ha de hacer también un gran ejercicio de creatividad e imaginación, así como de investigación y documentación, para llevar a buen término la propuesta. Seleccionar los materiales, teniendo en cuenta la edad del grupo de niños que va a participar y las posibilidades que les van a ofrecer, pensar en los posibles riesgos y conflictos que podrán aparecer, y descartar aquellos que revistan algún peligro. 

Los materiales suelen provenir del reciclaje del propio centro (cajas de cartón de distintos tamaños, botellas de leche, tapaderas, botes metálicos, tubos de cartón, papel de periódico, corchos, retales de tela…) Es lo que conocemos como material desestructurado. La propuesta puede complementarse con materiales de la naturaleza (hojas, ramitas, flores, tronquitos, piñas…) o con objetos cotidianos (cucharas, vasos de plástico, cuencos, cucharones de madera, coladores, embudos, pelotas, lanas, esponjas…)

La elección, disposición y combinación de estos es la que dará el sentido estético, artístico y armonioso a la vez que provocará y desafiará la acción, la exploración y el descubrimiento de niños y niñas. Es lo que le dará el sentido pedagógico. 

RECOMENDACIÓN: Más (elementos) no es mejor.

Hay que proponer una cantidad suficiente acorde al número de participantes que van a vivenciar la propuesta y que les posibilite la manipulación tanto individual como grupal

El ambiente es un educador más

Según la pedagogía reggiana, el ambiente y los espacios también educan. Por esa razón debe cuidarse con un mimo especial. El espacio no sólo tiene que proteger sino también desafiar a la mente infantil. 

Este tipo de propuestas favorece un aprendizaje constructivista donde el niño o la niña es protagonista y actor/a principal de diversos ámbitos pedagógicos tales como:

  • El desarrollo y la potenciación  de experiencias estéticas que incluyen los diferentes (100) lenguajes de la infancia.
  • La construcción de identidad, como también  el valor y respeto por el otro. 
  • Autonomía en la toma de decisiones y en el ámbito psicomotriz.
  • El placer de la transformación otorgando espacios para la imaginación, la creatividad y la confianza.

 

Las instalaciones en la escuela infantil han de ser únicas y extraordinarias, que se presenten en un tiempo y espacio determinado para el juego infantil, posteriormente esta desaparece hasta que nuevamente proponemos otras relaciones entre objeto y espacio.

Una instalación es una propuesta donde podrán aparecer varias respuestas para una misma pregunta y varias soluciones a un único problema y estas solo las habrá elaborado el propio niño sin ninguna intervención por parte del adulto.

 

 

VIVENCIANDO Y DOCUMENTANDO UNA SESIÓN. MI EXPERIENCIA DURANTE LA PRIMERA INSTALACIÓN DEL CURSO CON UN PEQUEÑO GRUPO DE 2-3 AÑOS Y CÓMO SE LA CONTAMOS Y DOCUMENTAMOS A LAS FAMILIAS
Cuando presentamos a los peques una instalación (así llamamos a estas propuestas) hay varias cosas que entran en juego:

– el factor sorpresa es indispensable

– la disposición artístico-estética

– la variedad de elementos propuestos

– la relación con los aprendizajes que se están promoviendo

– la disposición para el niño (si nos busca) y nula intervención del educador durante toda la actividad

– la absoluta libertad de acción e interpretación del niño con lo que se presenta ante sus sentidos No hay límites (excepto molestar a los amigos y acciones que puedan entrañar algún riesgo). El único límite es el de su imaginación.

Podríamos hablar mucho, mucho, sobre los procesos y las conexiones neuronales que se suceden en una sesión como esta. Por favor, si tenéis el gusto, fijaros en el «orden» inicial y el aparente «caos» final.

¿Cómo os quedáis si os digo que durante la sesión la calma, el respeto y el silencio invadieron la sala? Fueron unos 45 minutos de «abstracción» total y una paz inusual.

Por favor, fijaros en cómo observan los elementos, primero desde la timidez, la indecisión, el no saber qué hacer. Nadie dice nada. No hay consigna alguna por parte del adulto. Esperan unos segundos y se aproximan lentamente, quizás con reparo, no saben si pueden tocar, no saben si pueden lanzar, golpear, trepar… Nadie dice nada. Alguien pasa a la acción y poco a poco los demás comienzan a sumarse.

Por favor, fijaros en las secuencias: – H. con un membrillo y una calabaza (suave y áspero) Distintos pesos. Nos las muestra entusiasmado. Luego S., encuentra un palo, nos lo muestra entusiasmada, luego alguien viene con una granada, una hoja seca, unas piñas… Quizás no veas la importancia de estos hechos, pero lo cierto es que los niños usan algunos elementos como «conductor» de relación y de acercamiento especialmente con el adulto… – L. se mete en una caja, coge una telita blanca, trata de tapar sus piernas, pero algo le llama la atención y sale de la caja para cambiar de actividad – S. e I., han tomado buena nota de la intención de L., fijaros en las fotos, ellas, solo ellas, buscan dos telas exactamente iguales, buscan un espacio algo apartado de donde está el jaleo, y se tumban, ¡se hacen una cama! ¿de dónde han sacado esa idea? Pero parece que no están a gusto en el suelo, y trasladan sus aposentos al césped. Se acomodan y alguien quiere tumbarse con ellas. No parece hacerles gracia y buscan un espacio más recogido. Dos cajas, exactamente iguales, una para cada una… – G. observa atento las hojas del otoño. Luego pasaría a espizcarlas con minuciosidad – M. adopta un papel más observador. Observa, observa y deambula, parece no hacer nada, pero lo hace todo… Está tomando nota mental de todo lo que van «experimentando» sus compañeros de juego- «esto me gusta, esto no me gusta» luego, cuando «nadie me ve» entonces pruebo – N. escoge de la cesta su elemento. Tiene piñas, pero le llama más la atención el amarillo del dulce membrillo. Desconozco si en casa lo habrá comido, o si pensó que era una pera… Lo agarró y se hizo inseparable. Cargó con él, mientras tocaba «la batería» sobre una caja de cartón, primero con tubos, luego con palos… Pronto se unieron más miembros a esta banda de rock. Golpear les pone en contacto con las pulsiones más intensas, internas y primitivas involucrando y vinculando pensamiento y emociones como los grandes artistas. Después de tanta intensidad decide buscar un rincón tranquilo para saborear el dulce fruto. ¡Y lo encuentra entre las dos camas de las chicas! – H. haciendo gala de fuerza bruta, decide agrupar sus frutos en una caja, la cual carga (aún no nos explicamos cómo) y la coloca sobre la caja grande central como si pusiera un frutero en la mesa de casa. Cuando ve peligrar sus frutos porque sus compañeros están al acecho, decide trasladarla a un lugar más seguro (donde nadie le pueda quitarle su recolecta, la protege) – L. carga con la caja grande (la que había servido de mesa a H.), está vacía, le empuja cerca de la seño. Se sube encima. G. lo imita. Se ayudan, hasta que los dos están sobre la caja. Oh!! ¿qué pasa? …. El «techo» comienza a hundirse. Los dos terminan dentro de la caja, riendo a carcajadas, a continuación vuelcan y salen cada uno por un lado. Ahora la usan como túnel y pasan de un lado a otro. Pronto se suman más amigos a este juego. – Mientras nuestra atención estaba en estos dos intrépidos amigos, alguien ha hecho una bonita construcción con los tubos de cartón ¿quién habrá sido el arquitecto o arquitecta?

Cómo os decía al comienzo, lo que sucede en el cerebro infantil en una actividad de este tipo es grandioso. Las secuencias mentales que ellos solos realizan hasta llegar a «construir una cama» «escalar una caja» «hacer un túnel» «transportar muchas frutas en un solo viaje» «tocar un tambor fuerte, fuerte» «colaborar con el otro para un fin común» «escoger aquello que puedo comer, frente a otra cosa que no puedo comer» «construir un castillo» … y todo ello sin mediar una palabra entre ellos, ni por supuesto, entre la educadora y el alumno(a)

No puedo dejar de pensar en cómo las alumnas de género femenino decidieron hacerse una cama (o una casa), algo que invita al recogimiento, a la calma, quizás incluso a la reflexión, mientras los alumnos de género masculino daban rienda suelta a sus instintos más primitivos golpeando una caja, o cargando con una caja de peso desproporcionado para su corta edad. Es curioso, ¿será la madre naturaleza haciendo de las suyas? Cuando veo este tipo de acciones no puedo evitar pensar en la igualdad de género. Nadie les ha dicho nada. Ellos, ellas, solos han decidido, por imitación social o por la propia naturaleza y genética… Desconozco la razón real que les lleva esas decisiones.

El mundo infantil no deja de sorprendernos. Sólo hay que saber mirar «con ojos de niño» Esperamos que disfrutéis estas fotos, tanto como disfrutamos nosotros (mayores y pequeños) de esta actividad

Observa a este pequeños grupo de 2-3 años en esa libre interacción, esa libre experimentación… ¿puedes vivenciar los significados que le otorgan a través de estas imágenes?

Como en todo proceso creativo, el pensamiento se vincula con las emociones y pulsiones de vida

Observa los procesos secuenciales a través de los cuales deciden construirse una cama, primero en el suelo, luego en una caja

O la solución que dos amiguitos encuentran ayudándose mutuamente para escalar una caja casi tan alta como ellos y cómo reaccionan al hundirse esta y terminar dentro para después volcar, mirarse y estallar en carcajadas.

O cómo dan rienda suelta a sus pulsiones involucrando y vinculando con las emociones mientras golpean en una caja con unos palitos como si se tratara de la batería de una orquesta de rock.

O cómo un para de calabazas invitan a un niño a cantar en inglés, libre y espontáneamente la canción con la que jugaron hace unas semanas cuando mientras aprendían sobre este fruto otoñal.

Y todo eso en una sola sesión. ¿Podéis imaginar de que serán capaces en la siguiente sesión?

El imaginario infantil no tiene límites. ¿Y el tuyo?

 

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